“Per intercessionem Sancti Blasii liberet te Deus a malo gutteris et a quovis alio malo” “Que por intercesión de San Blas Dios te libre de problemas en la garganta y cualquier otro mal”

El  3 de Febrero celebramos a  San Blas, médico, mártir y Obispo de Sebaste, Armenia.

La tradición nos cuenta  que  San Blas curó a un  niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había atascado  en la garganta. Es por ese motivo que tenemos una antiquísima tradición de la Iglesia conocido popularmente como: “La bendición de las gargantas”, aún vigente en el Rituale Romanum.

El nombre oficial del rito en latín es: “Benedictio candelarum in festo S. Blasii, Episcopi et Martyris”. En realidad se presentan dos sacramentales: 1- La bendición de velas (si no se bendijeron el día anterior) y 2- La bendición de las gargantas.

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Ni la edición típica del Misal romano ni el Bendicional vigente hacen mención del rito. Pero el Calendario litúrgico de la Conferencia Episcopal Argentina, hasta su edición de 1993 lo incluía, del mismo modo el Bendicional de 1952 en donde la  edición del Misal Romano en Italiano menciona el  rito y por último una se presentan  oraciones varias  tradicionales  de bendición de la garganta.

Transcribimos los  rituales en ese orden.


Apéndice del Calendario litúrgico de la Conferencia Episcopal Argentina*(p. 245):

Ritos iniciales

El celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego, el celebrante saluda a los presentes diciendo:

Dios, que nos eligió para que fuésemos santos, esté con todos ustedes.  

Y todos responden:

Y con tu espíritu.

El celebrante dispone a los presentes para la celebración de la bendición con estas palabras u otras semejantes:

Dios, que en todas partes manifiesta su poder y su bondad, encomienda a la Iglesia la bendición de determinados elementos, para que todos los que los usen piadosamente, se sientan atraídos hacia los bienes invisibles, y bendigan a Dios, que es también admirable en sus santos.

Lectura de la Palabra de Dios

Fuera de la Misa, puede leerse: Mt. 4, 13-17 o bien Lc. 2, 27-33; Jn. 1, 6-10 o Ef. 5, 8-10 u otro texto apropiado. Según las circunstancias se puede  recitar o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Dentro de la Misa, o bien se eligen las lecturas propias de San Blas (Rom. 5, 1-5; S.R. 116, 1-2; Mc. 16, 15-20); o las de la feria correspondiente, y en ningún caso puede reemplazarse el salmo por otro canto no bíblico.

Después de la proclamación de las lecturas, fuera de la Misa y también dentro de ella, el sacerdote hace una breve homilía en la que explica tales lecturas y el significado del rito.
Sigue la Plegaria común, que en la Misa adopta la forma de Oración de los fieles, y que, dentro y fuera de ella, se concluye con la Oración de bendición de los cirios. Esa Plegaria puede tomarse del Bendicional, n. 1342, o de alguno de los formularios de Oratio fidelium propuestos por el Misal Romano, adaptado a las circunstancias. En cualquier caso, si se omite la Plegaria, la Oración de bendición sigue a la homilía.


Oración de bendición de los cirios

El celebrante dice:

Oremos.

Luego, el celebrante, con las manos extendidas, dice:

En español:

Dios todopoderoso, Tú creaste la diversidad de las cosas del mundo, y quisiste que tú mismo Hijo se encarnara para la Redención. Tú eres grande e inmenso, digno de toda alabanza, y haces cosas admirables. Para confesar su fe en Ti, el glorioso obispo y mártir San Blas, no temiendo los tormentos, consiguió felizmente la palma del martirio. Entre otras gracias, le diste esta prerrogativa: que por tu poder, curara cualquier mal de la garganta.

Te rogamos humildemente que no mires nuestras culpas, y por los ruegos y méritos de San Blas, bendice + y santifica por tu admirable piedad estas candelas, infundiéndoles tu gracia, a fin de que todos aquellos a quienes les fueren aplicadas en su garganta, se vean libres de cualquier mal en ella, y alegres y sanos, Te rindan en la Iglesia acciones de gracias, alabando tu glorioso Nombre, que es bendito por los siglos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

En latín:

Omnipotens et mitissime Deus, qui omnium mundi rerum diversitates solo Verbo creasti, et ad hominum reformationem illud idem Verbum, per quod facta sunt omnia, incarnari voluisti: qui magnus es, et immensus, terribilis atque laudabilis, ac faciens mirabilia: pro cuius fidei confessione, gloriosus Martyr et Pontifex Blasius, diversorum tormentorum genera non pavescens, martyrii palmam feliciter adeptus: quique eidem, inter caeteras gratias, hanc praerogativam contulisti: ut quoscumque gutturis morbos, tua virtute curaret; maiestatem tuam suppliciter exoramus, ut non inspectu reatus nostri, sed eius placatus meritis et precibus, hanc cerae creaturam bene+dicere, ac sanctificare tua venerabili pietate digneris, tuam gratiam infundendo; ut omnes, quorum colla per eam ex bona fide facta fuerint, a quocumque gutturis morbo ipsius passionis meritis liberentur, et in Ecclesia sancta tua, sani  et hilares, tibi gratiarum referant actiones, laudentque nomen tuum gloriosum, quod est benedictum in saecula saeculorum. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.

Y rocía las velas (duobus cerei -dos cirios- aclaraba explícitamente el antiguo ritual) con agua bendita, (aspergantur aqua benedicta, reza la antigua rúbrica de ese Ritual; sine dire nulla -sin decir nada- añadirían las normas de la liturgia actual), aplicándolas inmediatamente (si el rito tiene lugar fuera de la Misa) y siempre sin encenderlas, en forma de X, a la garganta de cada uno de los fieles.  Si el rito se celebra dentro de la Misa, la aplicación de los dos cirios se realiza antes de la Bendición final. En  dado caso que el rito  fuera dentro de la celebración se prosigue como de costumbre.


 

Oraciones del bendicional de  1952 que toma como alternativa el Misal Romano en italiano. (Observación: No se menciona explícitamente a San Blas, ya que es una bendición más genérica.)

 


Benedictio Candelarum
 
V. Adjutorium nostrum in nomine Domini.
R. Qui fecit cælum et terram.

V. Dominus vobíscum.
R. Et cum spiritu tuo.

Oremus.

Domine Jesu Christe, Fili Dei vivi, bene + dic candelas istas supplicationibus nostris: infunde eis, Domine, per virtutem sanctæ Cru + cis, benedictionem cælestem, qui eas ad repellendas tenebras humano generi tribuisti; talemque benedictionem signaculo sanctæ Cru + cis accipiant, ut quibuscumque locis accensæ, sive positæ fuerint, discedant principes tenebrarum, et contremiscant, et fugiant pavidi cum omnibus ministris suis ab habitationibus illis, nec præsumant amplius inquietare, aut molestare servientes tibi omnipotenti Deo: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculorum.

R. Amen.

Traducción al español:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, por nuestras súplicas, bendice estas candelas: infúndeles, Señor, por el poder de la Santa Cruz, la celestial bendición que les has conferido para disipar las tinieblas del género humano. Que reciban esta bendición con el signo de la misma Cruz, a fin de que adonde fueren encendidas o colocadas,  se alejen trémulos los espíritus de las tinieblas, y, junto a sus secuaces, huyan pavorosos de esos lugares; que no osen nuevamente quitar la paz ni tentar a los que te sirven, Dios Omnipotente, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Observación: Esta misma edición del Misal italiano del 1952 específica que las candelas se aplican cruzadas y “eventualmente”  unidas por una cinta roja, en clara alusión al martirio del santo obispo.

La fórmula que siempre ha de usarse para el rito de bendición de las gargantas es la siguiente:

El ministro sagrado dice:

“Por la intercesión de San Blas, obispo y mártir, te libre Dios de todo mal de garganta y de cualquier otro mal”. (En el nombre del Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo). 

El fiel responde:

Amén.


Conclusión del rito

El celebrante, con las manos extendidas sobre los fieles, dice:

El Señor tenga en cuenta la devoción de ustedes y les conceda su ayuda en cada momento de la vida.

Todos dicen:

Amén.

Después añade:

Les conceda una vida tranquila y la abundancia de sus dones.

Todos dicen:

Amén.

Y agrega:

Que con su amor los guíe y proteja aquí en la Tierra, y los haga llegar felizmente a la gloria celestial.

Todos dicen:

Amén.

Y concluye diciendo:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre  ustedes y permanezca para siempre. 

Todos dicen:

Amén.


 

Foto: D. Joseph Shaw. LMS Chairman.

Fuente: Liturgia Católica Divino Tesoro

*Permitida su reproducción mencionando a LiturgiayTradicionCatolica.wordpress.com
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