Dios te salve, María, llena de gracia:
Te saludo, Virgen María, con las palabras del Ángel.
Me postro ante tu imagen, Patrona de la República Dominicana,
para proclamar tu bendito nombre de la Altagracia.
Tú eres la “llena de gracia”, colmada de amor por el Altísimo,
fecundada por la acción del Espíritu,
para ser la Madre de Jesús, el Sol que nace de lo alto.

(San Juan Pablo II, acto de consagración de la Rep. Dom. A Ntra. Sra. De La Altagracia)

 

Por: Juan Alfredo Pineda

21/01/2019

La devoción a la virgen María bajo el título de Nuestra Señora de la Altagracia, está arraigada profundamente en el corazón de los habitantes de la isla la Española, descubierta por el almirante Cristóbal Colón, en su primer viaje (1492), isla que hoy comparten Haití y República Dominicana. Su fiesta se celebra con gran solemnidad en Higüey, República Dominicana, cada 21 de enero, donde cada año llegan miles de devotos nativos y extranjeros para dar gracias, presentar súplicas y cumplir votos y promesas a la Madre de Dios, por sus innumerables maravillas y gracias, obtenidas por su intercesión materna.

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Misa Tridentina organizada por los fieles de la Asociación Litúrgica Regina Pacis en el Santuario de Ntra Sra. de la Altagracia

El origen de la devoción bajo el título de la Altagracia

Según nos cuenta Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito, en su libro: “Síntesis de la historia de la Iglesia en Santo Domingo”. El origen de la devoción bajo el título de la Altagracia comienza con el asentamiento europeo en la Isla.  Cuando apenas estaba comenzando la ciudad de Santo Domingo en su nuevo sitio al occidente del Ozama, una mujer pobre atendía a los enfermos en un lugar anexo al Hospital de San Nicolás: “El principio de esta fundación fue un bohío donde hoy esta la capilla de Nuestra Señora de la Altagracia, que era de una negra piadosa que recogía los pobres que podía y los curaba según su posibilidad, por no haber hospitalidad en esta ciudad”, dice el Arzobispo Carvajal y Rivera. Esto supone que está hablando de una época hacia 1502.

Unos años más tarde aparecen los hermanos Alonso y Antonio de Trejos, que provenían de Extremadura, (España). Estos hermanos se trasladaron a la villa de Higüey, y trajeron consigo la imagen de la Virgen de la Altagracia y, más tarde, la ofrecieron a la parroquia para que todos pudieran venerarla.

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Una Leyenda

Una Leyenda amada por los dominicanos narra Mons. Juan Feliz Pepen, primer obispo de la diócesis de Higüey.  Según la tradición narrada por Monseñor Pepén en su libro “Donde floreció el naranjo”, Cuando todavía se encontraban restos de la indígena raza en región de Hicayagua, vivía con su familia en Higüey uno de los antiguos colonizadores españoles, que disfrutaba de una buena fortuna y gozaba de merecida fama y del aprecio y estima de las altas dignidades de la colonia.

Tenía la costumbre de viajar a la ciudad de Santo Domingo, en épocas señaladas, con el objeto de vender su ganado para proveerse de los menesteres de su hogar.

En una ocasión, y a principio de enero, el buen padre emprendió uno de esos viajes, trayendo el encargo de sus dos hijas, jóvenes ambas. La mayor, alegre y muy dada a los divertimentos pidió que le llevase vestidos, cintas, encajes y otros aderezos; la otra, apenas en las catorce primaveras de la vida, y a quien llamaban la Niña en el lugar, era, por el contrario, de espíritu recogido, entregada a las prácticas religiosas, encargó a su padre una imagen de la Virgen de Altagracia, que había visto en sueños.

Extraña fue para él, que nunca había oído hablar de tal Virgen, la petición de su hija; pero así y todo, ella afirmó que la encontraría en su viaje.

De regreso a sus predios, con los regalos de la hija mayor, llevaba el amoroso padre el hondo pesar de no haber conseguido la Virgen de Altagracia para la Niña. La había buscado por todas partes, y no encontrándose, la solicitó de los Canónigos del Cabildo y aún del mismo Arzobispo, quienes le contestaron que no existía tal advocación.

Al pasar por la localidad Los Dos Ríos, pernoctó en la casa de un viejo amigo. Mientras cenaba con la familia, refirió el caso de la Virgen desconocida, manifestando el sentimiento de aparecerse en su casa sin llevar el encargo que le había hecho su hija predilecta.

Entonces, un viejo de barba blanca, que había pedido le dejasen pasar allí la noche, desde el apartado rincón en que estaba sentado, se puso en pie y, adelantándose hacia la mesa de los comensales, dijo: “¿Qué no existe la Virgen de Altagracia? Yo la traigo conmigo.” Y echando mano de su alforja, sacó el pergamino y desenvolvió la pintura en lienzo de una preciosa imagen que era la de María adorando a un recién nacido que estaba en sus pies en una cuna.

Luego, el afortunado padre, viendo realizado el ideal de su fervorosa hija, reiteró sus promesas al generoso peregrino, invitándole a que pasase a su casa cuando quisiera para recibir la recompensa de su donativo. Al rayar la aurora del nuevo día, se despertó la regocijada familia, y cuál fue su sorpresa al buscar y no encontrar por ninguna parte al misterioso aparecido.

Cuenta la tradición que, acompañada la piadosa doncella de varias personas, recibió a su padre en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Santuario de Higüey, y que, lleno de alborozo en sus salutaciones, entregó aquél a su hija el tan esperado regalo.

Ella, al pie del naranjo que aún se conserva a pesar de los siglos, mostró a los concurrentes en aquél día 21 de enero, su soñada imagen y, desde ese momento, quedó establecido el venerado culto de la Virgen de Altagracia, confundida en sus principios con el nombre de la “Virgen de la Niña”.

¿Por qué Altagracia?

Podemos comprender este nombre hermosísimo a partir de las palabras de Benedicto XVI, en el Ángelus del 08/12/06. Llena de gracia” —en el original griego kecharitoméne— es el nombre más hermoso de María, un nombre que le dio Dios mismo para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, “el amor encarnado de Dios” (Deus caritas est, 12).

La Imagen de la Altagracia, es una Natividad (óleo sobre lienzo de fines del siglo xv o a comienzos del siglo xv ) La sagrada imagen es del tipo que se llama Virgen de Belén, y del estilo flamenco. Es una pintura de la escuela de Alejo Fernández, y probablemente fue pintado en Sevilla, entre los años 1510 y 1515.”

Sobre la Sagrada Imagen

En su relación del año de 1650, el canónigo Luis Gerónimo de Alcócer dice:

La imagen milagrosa de nuestra Señora de Alta Gracia está en la villa de Higüey, como treinta leguas desde Ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios Nuestro Señor a obrado y cada día obra con los que se encomiendan a su Santa imagen: consta que la trajeron a esta isla dos hidalgos naturales de Placencia en Extremadura, nombrados Alonso y Antonio de Trexo que fueron de los primeros pobladores de esta y es la, personas nobles como consta de una cédula del Rey Don Felipe Primero, año de 1506, en que encomienda al gobernador desta Isla que los acomode y aproveche en ella, y habiendo experimentado algunos milagros que había hecho con ellos la pusieron para mayor veneración en la iglesia parroquial de Higüey, adonde eran vecinos y tenían haciendas. Parece que no quiere Dios Nuestro Señor que salga de aquella villa, porque a los principios enviaron por ella el Arzobispo y cabildo de la Cathedral y se desapareció del lugar donde la tenían cerrada con veneración y cuidado y el mesmo tiempo se apareció en su iglesia de Higüey adonde solía estar; está pintada en un lienzo muy delgado de media vara de largo y la pintura es del nacimiento y está Nuestra Señora con el Niño Jesús delante y San Joseph a sus espaldas. Y con haber tanto tiempo tiene muy vivos los colores y la pintura como fresca; van en romería a esta santa imagen de Nuestra Señora de Alta Gracia de toda isla y de las partes de las Indias que están más cerca y cada día se ven muchos milagros que por ser tantos ya no se averiguan ni escriben, algunos en señal de agradecimiento, los hacen pintar en las paredes y otras parte de la iglesia y con ser los menos ya no hay lugar para más; son muchas las limosnas que se hacen a esta santa iglesia y así está bien proveída de ornamentos y tiene muchas lámparas de plata delante de su santa imagen.

La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia y su explicación bíblica-catequética.

Oh, Virgen madre, hija de tu hijo, la más humilde y alta criatura, del santo plan de Dios término fijo.

(Dante: Canto XXXIII).

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